Los primeros cristianos se refugian en cuevas

[El texto que sigue fue publicado por nuestro colaborador Joseba Abaitua en la sección ‘Huellas del pasado’ de la revista Mendialdea Press en invierno de 2016]

En Montaña Alavesa y Treviño se conserva un conjunto de cuevas habitadas en época visigótica (siglos VI-VIII) de extraordinario valor patrimonial e histórico. Se ha especulado con que sus moradores fueron ermitaños anacoretas, que pudieron llegar a formar pequeñas comunidades cenobíticas, según un modelo de práctica religiosa muy extendida por todo el Mediterráneo. Pudo tratarse asimismo de población civil que, como en Nájera, buscaba refugio durante los años convulsos que siguieron al declive del imperio en el siglo V hasta la conquista musulmana del VIII. A partir del siglo IX los moradores abandonaron estos espacios para pasar a habitar el fondo del valle, en donde fundaron las poblaciones que han perdurado hasta la actualidad, dejando las capillas rupestres para uso funerario.

En nuestra zona destaca el grupo de cuevas de Laño (las Gobas, Santorkaria), pero son asimismo valiosas las de Faido (Santa María de la Peña), Marquinez (Santa Leocadia, Peña del Castillo), y Urarte (Arroyo de La Lucía). Su principal tesoro lo constituye una serie de incisiones parietales con grafitos y figuras trazadas por sus moradores cuyo estado de conservación es muy deficiente. Pese a ello, gracias a los calcos y reproducciones realizadas por los arqueólogos, entre quienes destacan Alberto Monreal y Agustín Azkarate, todavía podemos leerlos antes de que desaparezcan para siempre. Estas excepcionales inscripciones nos permiten conocer la filiación ideológica y social de los personajes que ocuparon las cuevas. La mayoría son motivos religiosos de cristianismo primitivo (invocaciones y exhortaciones), entre los que encontramos un cristograma de Jesucristo, abundantes representaciones cruciformes, así como ejercicios de caligrafía en cursiva nueva romana (con la onomástica de los ocupantes, abecedarios y hagiónimos). Asimismo encontramos figuras antropomórficas (rostros humanos), zoomórficas (cérvidos, equinos) y vegetales.

Todo apunta a que los ocupantes de las cuevas participaban del movimiento ascético que tuvo su origen en Tierra Santa y se extendió por Palestina, Siria, Jordania, la Capadocia, Italia, las Galias hasta llegar a la Península Ibérica hacia el siglo IV. Las estribaciones meridionales de la cordillera cantábrica y el alto Ebro poseen la mayor concentración de este tipo de templos rupestres. Como antecedente del eremitismo cristiano suele mencionarse a los terapeutas judíos de Alejandría (Egipto), del siglo I, que practicaban la soledad como vía de perfección espiritual. Es un modo de vida que se exalta en el evangelio de San Mateo (19.21): “Dijo Jesús: si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme”. Uno de los primeros y más influyentes practicantes de estas enseñanzas fue el abad Antonio (250-357), cuya vida fue difundida por San Atanasio, obispo de Alejandría (ca 357), que alcanzó una extraordinaria popularidad. Los referentes de eremitismo más próximos a nuestra zona son los de San Felices de Bilibio (Haro) y San Millán de la Cogolla; sin embargo, en el templo de Laño se conservan las advocaciones a dos santos foráneos, San Primitivo y San Atanasio. El primero tal vez corresponda al mártir leonés del siglo III, hermano de San Facundo; y el segundo posiblemente al padre de la iglesia, San Atanasio de Alejandría, autor de la biografía del abad Antonio.

En uno de los frisos de las Gobas de Laño se han encontrado aclamaciones que reproducen una práctica corriente en época tardorromana y altomedieval. Aunque suelen ser de carácter funerario también se recogen menciones a los propietarios de objetos de uso cotidiano o, como en el caso de Laño, a los moradores. Los nombres inscritos en las paredes de las Gobas y Nuestra Señora de la Peña son Flainus, Iohanni, Valerianus, Armerius, Senticio, Armentari y Mariani. Existen asimismo interesantes invocaciones, similares a las que los copistas de los primeros siglos cristianos suelen incluir en los manuscritos, mediante las que imploran una oración a los lectores. En las paredes de las cuevas de Laño se lee Orate lectores sic dominum abeatis adiutoremOrate / pro me / lectores / sic dominum / adiutorem / protectoremQui fecit vivat qui legerit gaudeat. Agustín Azkarate observa que la fórmula adiutorem se halla en los manuscritos más antiguos mientras que la variante protectorem no se documenta hasta códices españoles de finales del siglo VIII. Con todo, nos encontraríamos ante elementos de notable antigüedad, “pertenecientes a un contexto paleocristiano”.

En las cuevas se han hallado además dieciséis figuras antropomórficas, destacando las cinco de la cueva de Santorkaria, y otras tantas zoomórficas. La mayoría corresponden a las Gobas: tres pavos reales, dos cérvidos, un caballo, un asno y dos no definidos; el resto se distribuyen entre una cabra (Nuestra Señora de la Peña), un ave y tres no definidos (La Lucía), y dos cérvidos (Peña Hueca de Loza). Los pavos reales, el ciervo, el caballo, constituyen elementos esenciales de la iconografía paleocristiana. El caballo simboliza el esfuerzo por alcanzar una vida cristiana plena y se utiliza con frecuencia en las tumbas de mártires. Por su parte, el asno es símbolo de humildad, paciencia y coraje. Suele relacionarse con la Navidad y la huida a Egipto.

Localidad

Cueva

Elementos de interés

Albaina (Treviño)

Montico de Charratu

Imagen estilizada de figura humana

Baroja

Peña Hueca

Grabados con figuras animales, cruces e inscripciones

Baroja

El Horno y El Campanario

Cuevas superpuestas, solo se conservan las fachadas

Faido

Nuestra Señora de la Peña

Monumento Nacional de Euskadi

Grafías cruciformes encerradas en círculos, grafitos epigráficos en cursiva nueva romana. Se leen nombres e invocaciones: Armentari et Mariani, Necetere, Domine, loculano, etc.

Faido

San Julián

Grafitos, cruz con peana

Faido

Kruzia

Grafitos epigráficos emparentados con los de Las Gobas: mayúsculas y minúsculas intercaladas de imposible lectura. Cruces monogramáticas. Ojo de letra griega Rho invertido

Laño (Treviño)

Las Gobas (13 cuevas)

Grupos zoomorfos: équidos, pavos reales. Epígrafes con invocaciones religiosas (In nomine, Orate lectores, qui fecit vivat, qui legerit gaudeat), nombres: Sententicio, Sancti Primitivi, Flaunu, Ihoanni, Armerius vivat, Atanasius, etc.

Laño (Treviño)

Santorkaria (18 cuevas)

Grafitos anepigráficos con figuras humanas y vegetales; abecedario y ensayo caligráfico

Loza

Peña Hueca

Cruz latina tallada en roca, representaciones de cérvidos

Marquinez

Santa Leocadia

Bajorrelieve con dos figuras desnudas: mujer montada sobre un caballo que se ha interpretado como representación de la diosa Epona y un hombre de pie que muestra a uno de sus fieles orando

Marquinez

Peña el Castillo

Restos de una fortaleza construida en lo alto

Urarte

Arroyo de La Lucía

Interior decorado con numerosas incisiones: líneas, reticulados, cruces, figuras, rostros humanos

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