Noche Buena y rústica

Dos grandes noches de invierno tiene la Villa de Santa Cruz de Campezo.

Una es la del martes de Carnaval, en que se culpa de todos los males del año a un monigote llamado Toribio, para después lanzarlo al Río Ega… la purificación por el agua; una costumbre que da bastante yuyu si nos preguntamos quién sería aquel primer Toribio de carne y hueso al que se aplicó la primera pena de la tradición…

La otra es la que aconteció ayer mismo: la celebración pagana de la Noche Buena, con la presencia del Olentzero, como en todos los pueblos del País Vasco.

Una distinción básica de la fiesta del Olentzero con la que acontecerá en aproximadamente dos semanas, la llegada de los Reyes Magos, es la humildad del personaje. Al no estar relacionado con la nobleza de forma alguna, su aparición, sobre todo en municipios pequeños como este, va rodeada de una simplicidad autóctona que conmueve.

A falta de una foto de Olentzero en acción, una de "La casa del Olentzero", en Santa Cruz de Campezo (Foto: Vega García Humayor)

A falta de una foto de Olentzero en acción, una de “La casa del Olentzero”, en Santa Cruz de Campezo (Foto: Vega García Humayor)

Equipado con un saco rústico y un burro, codo a codo con su flamante compañera Mari Domingui, Olentzero recorre la vuelta al pueblo al son de la trikitixa y el pandero, enmarcado por los cantos navideños de pobladores encantados de mover los pies en una noche que suele ser más que fría.

Una vez en la plaza, el decorado que envuelve a la pareja es tan sencillo como cargado de simbología: Boj (ezpela), paja y fuego.

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